lunes, 24 de noviembre de 2008

Vehiculos

Siempre en camino



Nunca nos ha importado como, pero siempre ha habido que ir a algun sitio, a algun risco nuevo, a buscar de nuevo ("yo soy el monotema") esas cositas que tanto nos gustan. Y para ir hemos usado todo tipo de vehiculos segun disponibilidad.


Hemos ido en furgo. En la mejor Vito que haya existido, sin equipamiento ni cama ni mierdas. Pura y dura Vito, con su fria cabina donde nadie dormía, porque no tenemos miedo a la intemperie. ¡Ahú!
Sólo necesitabamos la margarita del retrovisor para sentirnos como en casa.

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Nos hemos jugado la vida a manos del Punky este, inconsciente absoluto dentro y fuera del coche. Él y su Ford. El Sierra fue mítico, pero aun no sé como sobrevivimos a movernos en aquel ataud movil...

El Focus ya tiene otro caché, ¡que incluso hemos dormido en él! (Nos ha llevado a tantos sitios, y que siga asi mucho tiempo)

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El 206 no estuvo mucho con nosotros, pero cumplió su papel a rajatabla. Menudo fiera el leoncillo. Aun lo recuerdo subiendonos a la plataforma del Calvitero con 5 tios con sus respectivos macutos con sus respectivos equipos, comida, sacos, etc. Y sus respectivos dolores de rodillas, espaldas y demás.

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Y del Alfita de Danielshan no hay más que decir que es el "Super-carro" de todos los carros. No sé porqué será, pero siempre que voy en ese coche tardamos bastante menos de lo que tardo con el mio...


¡¡¡Dani, te queremos!!! ¡¡¡Eres parte de nuestra familia!!!

miércoles, 12 de noviembre de 2008

El Picu 2007




Niebla, niebla y más niebla. Así fue nuestro primer asalto al Picu. Siete días por si teniamos mal tiempo (menos mal) y sólo pudimos escalar el último.



Seis días conviviendo en una tienda, jugando con dos rotuladores y tres esterillas como tablero. Aquello sí que suponía ser compañeros; soportar los olores del tipo de al lado, ese que dice ser tu amigo pero no parece hacer nada por facilitarte la existencia luchando, aunque sea un poquito, contra ese hedor que desprende. Claro que él te reprocha lo mismo. Y en verdad que no son reproches, es puro aburrimiento. Es compartir ilusiones y desilusiones, todo junto y a la vez. Uno copia croquis como si fuese a hacer una guía, el otro dice tonterías mientras el último coloca y recoloca el equipo una y otra vez como si fuera el mayor tesoro que nunca hubiese visto.


Así practicamente una semana, con semejante mole de caliza a escasos metros, pero pudiéndola ver tan solo por momentos. Momentos que dibujan ilusión en las miradas mientras un nuevo banco penetra lentamente en Vega Urriellu, recordándonos quien manda.


Conocemos a Edu, pedricero que además es colega del Largo. Ha venido con Tomek, pero Tomek trae a la novia y Edu necesita un compañero de cordada, nosotros somos tres, así que me ofrezco a ir con él. Me motiva la vía que me propone, la Pidal-Cainejo, y así podremos subir todos bien, en cordadas de dos.

Es nuestro último día allí, y amanece el mejor día de aquel verano (o así lo recuerdo yo). Partimos temprano hacia pie de vía y ya todo fue p'alante.
Antes de esto sólo había metido cacharros la vez que estuve en Galayos y sólo había abierto un largo. Supuestamente iba sobrado de grado, pero en estos terrenos uno nunca sabe del todo. Empezamos haciendo una fácil travesía a derechas con los gatos puestos y las cuerdas a la espalda, parece que comienza el tema con carácter. En mi mente sólo existe una idea; hay que salir por arriba, descubrir que es esto de las tapias y demostrarme que esto es lo mío. Edu me propone hacer ensamble, yo acepto. Avanzamos deprisa, pero aparecemos en la repisa Schulze...seguimos hacia la izquierda por unos diedros evidentemente rotos y acabamos en la Cepeda. Al final salimos a cumbre.

A día de hoy habernos perdido me da igual. Ese día descubrí verdaderamente que lo que más me gusta es la tapia, es esa sensación de autonomía, de navegar en vertical, marcando tu rumbo por la roca. Todo depende de ti y de tus decisiones, subir o bajar, el éxito o el fracaso, el compartir una cumbre o un suspiro de alivio al pisar tierra firme.



Arriba nos reunimos las dos cordadas, cada una con su aventura particular, pero todos satisfechos, todos arriba.

El resto es ron nocturno y vuelta a Madrid con parada obligada para croquetas de cabrales, chorizos a la sidra, chuletón asturiano y demás manjares, jejeje.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Valeria

Este pequeño rincón conquense es dónde empecé con eso de subirme por las paredes. Semana Santa de 2005. Me dejaron unos "Pyros", probé un par de quintillos en tope y ¡ala! a volar por los V+. Jejeje, que tiempos aquellos.
En Valeria han sido muchas las historias, los pedetes y las vias disfrutonas para un enamorado de las placas como yo. Pero mejor que hablen las fotos.

La peña del aguila. La vía más a su izquierda, "El paso del Rubicón" es uno de los 6a+ más bonitos que conozco.


No sólo de escalar vive el hombre...


Colegas y roca. ¿Alguien da más?

Carlangas gambiteando por las placas.


El bicho gambiteando por los 7c's...¿qué come este hombre?

Menos mal que con el tiempo dejamos de "probar" para encadenar

Mira a ver si llevas algo, anda...

El Punky repostando, que la Puzzle se atraviesa...


Valeria siempre nos acoge para esos fines de semana relajados y disfrutones. Con novatos y sin ellos. Con colegas, churris y perros. Con los bichos de La Chopera, con las ruinas, con Valera de Abajo y sus bares. Con Valeria y el bar de los forjados. Con tantas cosas que hacen, para mi, que este sitio me resulte tan familiar y le tenga un cariño especial.

Aquí está el V+ que me vio ir de primero por primera vez.

Ir un finde a Valeria siempre es buena opción. A pesar de los dominguetas...